Por qué soy antinuclear

Autor: Luis Ruano
La energía nuclear tiene a su favor argumentos importantes, y es preciso considerarlos para poder tener una postura razonada. Podemos destacar dos que, por su consistencia, han hecho cambiar de opinión y declararse partidarios de las centrales nucleares a personas que habían sido contrarias. La energía nuclear no produce gases de efecto invernadero, y, en la actualidad, el aumento de la temperatura de la Tierra es una de las mayores amenazas para el ecosistema en el que se desarrolla la vida humana. Adicionalmente, después de Chernóbil, las centrales nucleares se construyen con unos sistemas de seguridad que, al menos en teoría, reducen a un mínimo la probabilidad de una catástrofe. Ciertamente, son argumentos de peso y han de tenerse en cuenta. Si lo nuclear contribuye a evitar un desastre ecológico, y si la seguridad está garantizada, ¿por qué oponerse?
El accidente de Fukushima ha provocado de inmediato reacciones diversas: mientras algunos partidarios de las nucleares consideraban a los pocos días que las centrales habían resistido una fuerza extrema de la naturaleza sin consecuencias importantes, y eso certificaba la seguridad de las instalaciones, el gobierno alemán entendió lo contrario, replanteando su programa nuclear. Pero más allá de sus resultados finales, el suceso ha apartado evidencias al debate que es necesario tener en cuenta. Vamos a considerar algunas delas cuestiones clave: precio, medio ambiente y riesgo.
Precio
Históricamente ha sido uno de los argumentos básicos a favor de la energía nuclear. Habitualmente se expresa de la siguiente manera: si queremos tener energía a un precio razonable, la nuclear es necesaria; prescindir de ella encarecería el precio de la energía. Esta afirmación sólo se puede realizar ignorando deliberadamente costes muy importantes que se cargan directamente a los presupuestos públicos. El primero de ellos es el almacenamiento de los residuos, algunos de los cuales tienen una vida media de 20.000 años. Contabilizando este coste, el precio de la energía nuclear es astronómico, y se pretende ignorar porque las empresas eléctricas han conseguido cargárselo al Estado y a las generaciones futuras. ¡Qué barata saldría una casa si la hipoteca la pagara otro! Otro coste importante es el de los desastres nucleares ¿A cuánto ascendería el coste del kilowatio nuclear si sumáramos lo que ha costado (monetariamente) Chernóbil? Han pasado décadas y todavía se están convocando conferencias de estados donantes. De nuevo, lo que se paga con impuestos no se considera como coste.
Por otra parte, el coste de una central nuclear aumenta fuertemente con cada nuevo desastre, por la necesidad de añadir nuevas medidas de seguridad. Parece que los rediseños que se hicieron a partir de Chernóbil incrementaron el coste en un 40%, y en estos momentos se ignora cuál puede ser el sobrecoste que supongan los rediseños post-Fukushima.
Es interesante seguir las implicaciones económicas que tienen las moratorias nucleares, anunciadas o efectivas. En España hubo una moratoria nuclear en los años 80, y durante años el recibo de electricidad tuvo un recargo para pagar una instalación nuclear que nunca entró en servicio, con lo cual el efecto de la energía nuclear sobre los consumidores fue un aumento en el precio de la electricidad. ¿Contabilizan esto quienes argumentan que la energía nuclear es más barata? Más bien recuerda los anuncias de compañías aéreas que ofrecen billetes a precios irrisorios y luego añaden más y más conceptos de facturación.
En los últimos años se ha replanteado en varios países el cierre de las centrales nucleares al llegar al fin de su vida útil de cuarenta años. Resulta lógico pensar que si autorización al inicio de su funcionamiento era de estos años, el plazo de amortización coincidiera con este periodo de tiempo y, por lo tanto, a su término, el valor contable de la inversión es cero. Basándose en esto, el gobierno alemán preveía que, en caso de autorizar una prórroga de sus centrales nucleares, podría gravar con un impuesto de miles de millones de euros a las compañías eléctricas propietarias. La lógica económica es incuestionable. Pues bien, ¿saben cuál es el planteamiento en España? Las empresas del sector amenazan al gobierno con demandas de miles de millones de euros si cumple con el cierre de las centrales al llegar al final de su vida útil, si no amplía la concesión más allá de los cuarenta años.
Medio ambiente
Hasta hace pocos años no se tuvo conciencia, de forma generalizada, del grave problema que supone el cambio climático. Muchos procesos industriales emiten gases de efecto invernadero que provocan el aumento de la temperatura de la Tierra. Las centrales nucleares, si bien necesitan refrigerarse con agua y producen un aumento local de la temperatura, no emiten estos gases, y en este sentido presentan una ventaja sobre las centrales térmicas que producen electricidad a partir de los combustibles fósiles. Esto se ha de tener en cuenta dada la importancia del cambio climático, y de hecho ha sido, como se ha dicho antes, el principal argumento para impulsar los programas nucleares en los últimos años.
Pero, por otra parte, los residuos nucleares, además de su incidencia económica, significan también un problema medioambiental. Son una especie de Minotauro creado por el hombre, que nos obliga a construir un laberinto para encerrarlo. ¿Quién nos asegura que no escapará? ¿Los mismos que nos aseguran que un accidente nuclear es imposible?
Riesgo
Estamos de acuerdo en que el riesgo de una central nuclear es muy pequeño. No es cero, como lo demuestran los accidentes habidos, y es pequeño porque hay muchas centrales en funcionamiento y pocas veces se han producido accidentes graves. Que sepamos, porque siempre se ha procurado ocultarlos y minusvalorarlos. Pero la cuestión no es la magnitud de la probabilidad, sino la magnitud de sus consecuencias. El riesgo de llegar a un Chernóbil, a un Fukushima, ha de ser cero absoluto. Y nunca podrá reducirse a cero el riesgo de una central nuclear, como nos ha ayudado a ver el suceso de Fukushima. La mayoría de los mecanismos, de las máquinas inventadas por el hombre, tienden a pararse cuando dejamos de controlarlas. Para que corra un coche es necesario apretar el acelerador. En las centrales nucleares sucede al contrario, siempre hemos de estar apretando el freno, de estar refrigerándolas, para evitar el desastre. Cualquier elemento, acción, proceso o suceso que impida la refrigeración pone la central en peligro. Haga una lista de las maneras en que puede detenerse la refrigeración y podrá evaluar la probabilidad de “accidente”. Una central nuclear es una bomba potencial que sólo la continua intervención humana mantiene controlada.
Conclusión
La polémica sobre el tabaco ha durado décadas, y, a pesar de las evidencias, todavía hay quien pone en duda sus efectos perniciosos sobre la salud. La discusión sobre la responsabilidad de la actividad humana en el cambio climático está razonablemente resuelta, quedando algunos recalcitrantes sin argumentos científicos. La cuestión de la bondad de la energía nuclear estaba dando un vuelco a su favor hasta que ocurrió el tsunami japonés. Los tres debates tienen algo en común: no durarían tanto tiempo si no existieran importantes grupos de poder que dejarían de obtener enormes beneficios si se tomaran las decisiones correctas. Y si para prolongar la agonía es necesario ocultar hechos, proclamar falsedades o contratar gabinetes de comunicación, no hay escrúpulos en hacerlo. Como dijo el empresario español Ruiz Mateos en una carta dirigida a un banquero «Quiero también que sepas que mucha de la publicidad y comentarios que de vez en cuando salen en los medios de comunicación, sobre inversiones y puestos de trabajo, forman parte del «marketing» de cara a la opinión pública, pues a la hora de la verdad, si lo analizas bien, cuando llevamos a efecto alguna operación mercantil, es porque recibimos más de lo que invertimos…».

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