¿Cataluña a favor de la independencia? Algunas consideraciones sobre el proceso.

Autor: Josep Barba
Sociólogo
Una síntesis de los elementos más importantes del proceso soberanista que está teniendo lugar en Cataluña.
Hace ya un tiempo que el debate sobre la independencia de Cataluña ocupa el lugar principal de los medios del país. ¿Es deseo de la mayoría? ¿Le conviene separarse de España? ¿Es posible? ¿Cómo se hace? ¿Cómo sería luego la cosa? El debate va para rato, pues no hay precedentes de un proceso igual.
Los antecedentes son conocidos, Artur Mas, presidente de Cataluña, con 60 diputados, en un parlamento de 135, podía gobernar sin problemas, mediante alianzas con partidos próximos; a pesar de ello, convocó una elecciones anticipadas con el compromiso de promover una consulta sobre “El derecho a decidir”, sobre la pertenencia o independencia de España, y desde aquel momento, el tema ha estado en el centro del debate político.
La conversión de CiU al independentismo, ha sido impulsado en parte por las manifestaciones del 11 de septiembre en que cientos de miles de personas salieron a la calle pidiendo la independencia de España y que Cataluña fuese un nuevo estado de Europa. Hay un antes y un después de esta manifestación.
¿De dónde había salido esta multitud de gentes de toda clase, que pedían de manera tan clara la independencia? La mayoría de los manifestantes no eran defensores del independentismo como principio político, si no que eran partidarios de la independencia como medida práctica. La experiencia política desde la vuelta a la democracia ha ido incrementando el sentimiento de que para avanzar es indispensable romper con una España de alma castellana, que gobierna con resabios coloniales. Hay un agravio hacia Cataluña que no parece posible que se pueda remediar.
Esta sensación de injusticia, que viene de lejos, toma forma de una reclamación bien definida en un contexto de crisis general.
La crisis que empeora cada año está llevando a los europeos a preguntarse por las causas de algo que se asemeja a una catástrofe y que obliga a plantear donde están las referencias válidas, pero parece difícil llegar al hueso. Poco a poco se van enterando de que las sociedades democráticas lo son mucho menos de lo que se imaginaban y que hay extensas zonas en la sombra que tienen poderes a veces decisivos en el funcionamiento de la sociedad. A medida que se conocen sus manejos provoca irritación que los responsables principales, sean individuos o corporaciones, no puedan ser procesados, pues su actuación estaba respaldada por el consenso y la costumbre; los poderes que han usado son jurídicamente legítimos.
En Cataluña la crisis ha reactivado el sentimiento generalizado, de que uno de los factores de atraso es una intromisión cicatera del Gobierno central en el gobierno de Cataluña. La independencia, en este contexto, se convierte en una demanda social, la crisis es el factor desencadenante de la protesta. El movimiento tiene un componente nacional y otro social, y es teniendo en cuenta estos dos factores que se puede entender mejor un resultado electoral bastante imprevisto que ha modificado el mapa político catalán.
La convocatoria centrada en el tema de la independencia movilizó al electorado. Votó un 67%, la participación más alta de la democracia en Cataluña. Movilizó a partidarios y adversarios y en una situación de tal conflicto es decisivo hacer una lectura ajustada de los resultados.
La coalición Convergència i Unió que lidera Mas, en vez de capitalizar su nueva posición a favor de la independencia, ha sufrido un severo castigo, ha perdido votos a pesar del incremento de la participación y también un 20 % de sus diputados. Abanderar la independencia no es suficiente, hay otros factores sociales que le han pasado factura.
El Partit Socialista de Catalunya, supeditado a un PSOE tan nacionalista español como el Partido Popular, ha hecho bandera de los temas sociales para oponerse a plantear una consulta por la independencia Su posición no ha sido entendida en Cataluña, y además ha generado fuertes tensiones dentro del partido; algunos de los veteranos de más peso se ha manifestado abiertamente contra la línea oficial, El resultado ha sido una derrota sin paliativos, pasando de 28 a 20 diputados, con una pérdida de casi el 30 %.
Esquerra Republicana de Catalunya, un partido con un ideario nacionalista y de progreso social, con pocos escándalos en su haber, ha conseguido más que doblar los votos y los diputados.
Iniciativa per Catalunya tiene un planteamiento de democracia y progreso social, no le hace ascos a la consulta, pero plantea la pregunta de cómo se gestiona y cuál es el modelo de sociedad que se quiere alumbrar. Ha pasado de 10 a 13 diputados.
La Candidatura de Unitat Popular, un partido nuevo con militancia joven, partidario decidido de la independencia, encarna una crítica social radical y ha hecho propuestas atrevidas. Entra por primera vez en el Parlament con 3 diputados.
La consulta ha movilizado también a los contrarios a la independencia.
El Partido Popular de Cataluña, que representa la dependencia de Madrid ha conseguido un porcentaje mejor que le ha llevado de 18 a 19 escaños. Aún representando el pensamiento nacionalista español no ha podido capitalizar el voto contrario. La conducción de la crisis que está haciendo y una abundante serie de casos de corrupción le resta credibilidad como factor de solución del problema social.
El progreso más espectacular ha sido el de Ciutadans, un partido joven que ha capitalizado el rechazo a la independencia y no tiene los lastres del PP de españolismo rancio y corrupción. Ha más que doblado el número de votos y pasado de 3 a 9 diputados.
¿De dónde han surgido de repente tantos partidarios de la independencia? ¿Dónde estaban? Hay que valorar el factor miedo.
El miedo ha sido una constante y un factor condicionante en la vida social española. La guerra civil del 36 al 39 fue una de una ferocidad insensata y dio paso a una dictadura que llevó a cabo una represión feroz en la que participó hasta la Iglesia Católica y llevó al exilio cientos de miles de republicanos. Hasta los años 60 era frecuente la frase “Yo no me meto en política” acompañada de un rechazo a opinar en temas de justicia social.
Otro 11 de septiembre, pero de 1977, una manifestación llenó las calles de Barcelona con el eslogan “Llibertat, amnistía i Estatut d’Autonomía” y un mar de banderas catalanas, hasta entonces prohibidas. Fue una manifestación enmarcada en las aspiraciones del momento, dejar atrás la dictadura e iniciar un autogobierno. Hubo tensiones en el Ejército y algunos militares reclamaron una intervención contundente, pero finalmente prevaleció el buen sentido.
En 1981 el intento de golpe de estado del coronel Tejero hizo aparecer en las pantallas de televisión el fantasma más temido por la sociedad española, unos guardias civiles disparando dentro del Congreso de los Diputados. Hubo pánico en medios políticos, con quema de documentos y huidas a toda prisa hacia Francia; el fantasma había reaparecido..
Hoy el miedo ha disminuido, la intervención del ejército, que según la constitución es garante de la unidad de España, es imposible. Se puede reclamar abiertamente la independencia sin riesgo personal o colectivo. La democracia ha ido haciendo camino.
¿La ola independentista se debe a irrupción de las generaciones jóvenes indoctrinadas por la escuela catalana a la que hay que poner bajo control? Nada más lejos de la realidad, los manifestantes del 11 de septiembre pertenecían a todas las edades y clases sociales. Son numerosos los catalanes con una cultura política dilatada y memoria histórica, se manifiestan a favor de la independencia, no se trata de una juventud seducida por el independentismo, sino el afloramiento de una incomodidad con España que se ha ido agravando con el tiempo. Los partidarios de la independencia se han estimado en más del 50 % entre una población compuesta en su mayoría, por ciudadanos nacidos fuera de Cataluña.
La prensa de Madrid habla del fracaso de Mas y lo interpreta como un rechazo de los catalanes a su apuesta independentista, obviando que en el nuevo parlamento catalán los partidos defensores de la independencia, tienen 80 diputados de 135, sin contar el apoyo matizado de los 13 de ICV.
La prensa internacional ha seguido con interés y sorpresa esta emergencia del independentismo catalán, que plantea un conflicto en parte inédito. La percepción generalizada es que hay un problema serio, que no se puede ignorar y que se debe manejar con tacto para evitar que empeore.
¿Por dónde van a ir los tiros, hablando metafóricamente?
Hay muchos escenarios posibles. En el caso de que se lleve a cabo una consulta no todos los votantes de los partidos independentistas, son partidarios de la secesión, al igual que los hay en los partidos que la rechazan.
Han empezado las voces de los que auguran una catástrofe para Cataluña, en el caso de que se separe, y el gobierno del PP ha mezclado las llamadas al diálogo con amenazas de represalias económicas e incluso judiciales y se ha visto obligado a precisar que el ejército no jugaría ningún protagonismo, una afirmación que en otro país puede parecer sorprendente, pero que en España tiene significado.
Si el nuevo gobierno catalán consigue estabilidad y consenso político, un frente de acción y una política social más atenta, es posible que agote la legislatura y pueda realizar la consulta. El PP y PSOE que ya preparan una estrategia conjunta en contra, aunque está por ver como se puede prohibir una votación democrática sobre un tema tan trascendental. Hay temor en el nacionalismo español, de que una votación de un resultado mayoritario a favor de la separación de España, y sería muy difícil poderlo ignorar. La estrategia es impedirla a toda costa, a pesar que en democracia es difícil justificar la prohibición de una consulta abierta y transparente.
El factor miedo va a jugar también en la posible votación futura. La independencia es un proceso incierto, sin pautas determinadas, fuente cierta de conflictos y de duración incalculable. La convicción de la legitimidad del divorcio no obliga la separación, conviene valorar ventajas e inconvenientes. Economistas serios ofrecen cifras que parecen claras a favor de la ruptura, pero no valoran el coste del conflicto, ni su duración; finalmente los políticos serán los gestores del proceso; y en su mayoría no gozan de la confianza de la sociedad. Existe el temor fundado, de que el juego partidista se anteponga al interés general y haga imposible una gestión inteligente y eficaz. Hay que tener en cuenta además que va a iniciarse una guerra sucia contra los protagonistas más destacados, una guerra sucia de la que hay experiencias abundantes.
¿Cómo puede ser el paisaje después de la tormenta? ¿Cuál puede ser esta Cataluña mejor? ¿Una Cataluña soberana que pueda dar mejor respuesta a las demandas sociales? Hay la creencia generalizada de que sería así; pero si no se creyera que posibilita un cambio sustantivo, el voto sería muy inferior, simplificando diríamos que quedaría limitado al sector ideológicamente independentista.
No se ha planteado aún una alternativa al modelo político y social actual y es de esperar que se vaya perfilando en un futuro próximo. Es un elemento indispensable concretar la imagen del futuro paisaje.
Se plantean retos inéditos no solamente para Cataluña y España, sino también para Europa. No hay reglas que establezcan cuándo y cómo un país de Europa puede acceder a la independencia, y la constitución vigente tuvo muy en cuenta en su formulación el peligro de los movimientos separatistas.
La posible independencia depende en parte de la opinión internacional, y para conseguirla es imprescindible una tarea informativa bien gestionada sobre la problemática, las motivaciones y los objetivos.
El problema está sobre la mesa, pero el desarrollo es incierto Sin duda el debate será intenso y muy interesante, e independientemente del resultado al que se llegue, va a aumentar el interés de nuestra ciudadanía sobre la re pública y también su cultura política.
Tenemos por delante un par de años movidos.
Josep Barba F. .
2013-01-15

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *