Apuntes:

Algunos argumentos fundamentales de la religión se basan en la recompensa o en la ética. Nos referimos a la recompensa al hablar de paraíso e infierno, de premiar a los buenos y castigar a los malos, de que fuera de la propia religión no hay salvación posible. La ética de las religiones se ha desarrollado a partir de normas de comportamiento. Con el tiempo han ido ganando importancia las cuestiones éticas de la religión, siendo cada vez más elaboradas las doctrinas morales. Para un observador exterior resulta un poco confuso saber si la moral religiosa es buena porque la dicta Dios, o si la religión es auténtica porque la moral que contiene es impecable. Desde el interior de la religión, esta cuestión no tiene sentido, porque Dios es el creador y el ordenador del Universo, y la moral procede de la ley natural, que es parte de la propia creación divina.
A partir de aquí, hay quien defiende que no puede haber ética sin religión, porque es precisamente la religión el origen de los principios morales. Ante esto, hay que reivindicar una ética humana, originada en la persona, en el convencimiento de que esta moral tiene valor propio, por varios motivos:
– porque no está en función de un sistema de recompensas personales, o salvación eterna.
– porque no depende de una ley natural indiscutible.
– porque no ha de atenerse a la literalidad de un texto sagrado, que, por admirable que sea, es la expresión de un momento histórico.
– porque está construida desde la racionalidad humana, porque es crítica y evolutiva.
Sin poner en discusión la esfera de espiritualidad que pueda desarrollar cada persona, considero preferibles las actuaciones guiadas por una ética personal que las debidas a un mandato religioso.
IPCC, Premio Nobel de la Paz
La mayor parte de las personas interesadas en la actualidad saben que Al Gore fue distinguido con el último Premio Nobel de la Paz. Sin embargo, son muy pocos los que se enteraron, o puedan recordar, que un organismo con las extrañas siglas IPCC compartió el galardón. Si Al Gore ha podido dar el impulso mediático por el que millones de personas han tomado conciencia de la realidad del cambio climático, de la magnitud de sus efectos, y de la responsabilidad humana en provocarlo, el IPCC ha proporcionado el soporte científico con un rigor extremo.
El Panel Internacional sobre el Cambio Climático se formó en 1988 como una iniciativa de la Organización Meteorológica Mundial, con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Su finalidad es la recopilación de la información relevante y su valoración objetiva para llegar a comprender las bases científicas del riesgo del cambio climático provocado por la humanidad, sus impactos potenciales y las opciones de adaptación y mitigación.
La metodología es especialmente cuidadosa para la salvaguarda de la objetividad, transparencia y el rigor científico. Ha sido criticado por lo que algunos consideran prudencia excesiva, pues las correcciones y matices propuestos por equipos gubernamentales diluyen algunos planteamientos. Pero esta forma de proceder ha dotado a sus informes de un prestigio reconocido, y las aseveraciones que establece difícilmente pueden ponerse en duda científicamente.
Sus trabajos sirven de base para que los gobiernos puedan establecer políticas medioambientales para combatir el cambio climático o atenuar sus efectos. El Protocolo de Kyoto es una consecuencia directa de los informes del IPCC.
El 17 de noviembre de 2007 fue presentado el “Informe de Síntesis”, parte final del cuarto informe de valoración del IPCC. Es ilustrativo leer las “preguntas frecuentes”. Con un permanente estilo de prudencia explica porqué es más fácil estimar el clima dentro de 50 años que el tiempo dentro de 5 semanas. Y pueden leerse una serie de afirmaciones categóricas:
– La temperatura en la superficie de la Tierra se está elevando de forma acelerada. De 1970 hasta la fecha el aumento ha sido de 0,55°C.
– La mayor parte del calentamiento de los últimos 50 años es atribuible a las actividades humanas.
– Disminuye la cantidad de hielo y nieve en la Tierra.
– Hay pruebas contundentes de que se eleva el nivel del mar.
– Se espera que cambien el tipo, la frecuencia y la intensidad de episodios extremos como olas de calor, sequías e inundaciones.
Seguiremos encontrando personas que en conversaciones particulares, en medios de comunicación, en mítines políticos o en agencias gubernamentales pongan en duda la realidad del cambio climático y la responsabilidad humana en producirlo, pero quien quiera discutirlo seriamente tendría que acercarse antes a los informes del IPCC.

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