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Cataluña y España, una encrucijada difícil

Josep Centelles i Portella
Autor del libro “ENTENDER CATALUÑA; Por qué tantos catalanes quieren un Estado propio”
Barcelona, 7 de octubre de 2017
josep.centelles@gmail.com

Ningún relato político es objetivo.  Si bien hay hechos o factos que nadie puede negar, el relato de los mismos nunca es neutro.  Este artículo (incluidas las cronologías de contexto adjuntas) se basa en hechos reales y constatables pero inevitablemente interpretados desde la visión del autor que no es ni pretende ser neutra, pero sí razonable.

Cronología de contexto

  • 1978 Constitución Española democrática pero aprobada con ruido de sables.  Distingue entre “regiones” y “nacionalidades” distinción que en poco tiempo se borra con el “café para todos”.
  • 2004 – 2006 Renovación del Estatuto de Cataluña en un proceso de largo debate y negociación.  El nuevo Estatuto es aprobado por el Parlament de Cataluña, recortado (o “cepillado”) por el Congreso de los Diputados en Madrid y finalmente queda aprobado después de ser sometido a referéndum en Cataluña.
  • 2006 Posterior al referéndum varias instituciones presentan recurso de inconstitucionalidad, de forma destacada el Defensor del Pueblo de España y el Partido Popular (PP).
  • 2006 Campaña del PP de recogida de firmas contra el Estatuto se convierte a menudo en la calle en una mera recogida de firmas “contra Cataluña” (hay múltiples testigos).
  • 2006 – 2010 La sentencia de un Tribunal Constitucional (TC) totalmente deslegitimado (diez jueces en lugar de doce, cuatro de ellos con el mandato caducado, uno recusado con argumentos espurios, etc.), demora más de cuatro años y recorta competencias críticas a niveles inferiores a las del Estatuto anterior. Como guinda final de elevado cinismo jurídico varios artículos eliminados por el TC siguen vigentes en los estatutos de otras comunidades autónomas (Andalucía y Valencia).
  • Julio de 2010 La sentencia del TC genera una gran manifestación de repulsa.  El Presidente de la Generalitat (el socialista José Montilla) avisa de la progresiva “desafección” de Cataluña respecto a España. Ni su propio partido le escucha.
  • Noviembre de 2011 En el marco de la crisis financiera mundial que alcanza su mayor impacto en España en 2010 (más de un 22% de desempleo y posterior rescate encubierto del sistema financiero de más de 60.000.-M€) el PP arrasa con amplia mayoría absoluta en toda España menos en el País Vasco y Cataluña.
  • 2012 Artur Mas, Presidente de la Generalitat de centro-derecha, aplica las políticas de recortes de acuerdo con el Gobierno de Madrid (PP) i de las presiones de la Unión Europea.
  • El 11 de Setiembre (el día nacional de Cataluña) de 2012 la tradicional conmemoración festiva se convierte en una inmensa manifestación (¿más de un millón?) claramente independentista.  Las banderas “esteladas” inundan calles y plazas de Catalunya.  Se populariza el concepto de “derecho a decidir”.  Somos una nación, tenemos derecho a decidir.
  • Artur Mas recibe un solemne portazo y un rotundo no cuando solicita negociar un “pacto fiscal” con el Gobierno de Madrid (Rajoy con mayoría absoluta en las cámaras).  Ante lo cual decide optar por la vía independentista y convocar nuevas elecciones al Parlament. Su partido retrocede pero el independentismo de la calle entra de lleno en el Parlament.
  • Desde 2012 hasta el presente 2017, la tensión entre Cataluña (instituciones y sociedad en general) y el Estado español crece progresivamente.  El nacionalismo español se alimenta básicamente de anti-catalanismo.  El 2016 resulta un año de Gobierno Central en funciones o prorrogado, pues además de la alta fragmentación política debido a la irrupción de Podemos, sin los partidos catalanes no hay forma de alcanzar mayoría de gobierno en España. Los grandes partidos políticos españoles (PP, PSOE y el nuevo Ciudadanos) compiten con promesas políticas ligadas al menosprecio de los deseos de autogobierno en Cataluña.  El anti-catalanismo se convierte en una gran cantera de votos para ellos.  La grieta entre Catalunya y el Estado español aumenta.

 

Cronología electoral.

(Posterior a la Sentencia de 2010 del TC recortando el Estatuto aprobado en referéndum)

 

2010      28 Nov. Parlament de Cataluña (Artur Mas, mayoría).

2011      22 Mayo Municipales (Ayuntamiento de Barcelona Xavier Trias, catalanista).

2011      20 Nov. Generales España (Mariano Rajoy, 10,8 millones de votos, el 30,3% del censo le da la mayoría absoluta en las cámaras).

2012      25 Nov. Parlament de Cataluña (Artur Mas) fuerte incremento del independentismo.

2014      9 Nov. Consulta no vinculante prohibida por el TC sobre la independencia de Catalunya. A pesar de la prohibición hay 2,3 millones de votantes, más del 33% del censo (que incluía mayores de 16 años e inmigrantes con residencia).

2015      24 Mayo Municipales (Ayuntamiento de Barcelona, Ada Colau, “comunes”).

2015      27 Sep. La coalición Junts pel Sí + CUP obtienen la mayoría absoluta independentista en el Parlament de Cataluña.  Propuesta explícita de avanzar hacia la independencia.

2015      20 Dic. Generales España, no se alcanzan mayorías y el Gobierno es prorrogado.

2016      26 Jun. Nuevas elecciones Generales en España (Mariano Rajoy sin mayoría absoluta y Congreso de los Diputados muy fragmentado).

2017      1 Oct. Referéndum convocado por el Parlament de Cataluña, prohibido por el TC y duramente perseguido por el Gobierno Central i el sistema judicial.  De un total de unos 2.200 colegios electorales, cerca de 290 son cerrados, muchos de ellos con notoria violencia policial.  A pesar de ello cerca de 2,3 millones de electores consiguen votar (43% del censo).  Debido al boicot de los partidarios del no, el 90% de los votantes (más de 2 millones) optaron por la independencia.  El martes posterior, 3 de octubre, Cataluña se paraliza en protesta por la violencia del Estado contra urnas y votantes.

 

Ningún relato político es objetivo.  Si bien hay hechos o factos que nadie puede negar, el relato de los mismos nunca es neutro.  Este artículo (incluidas las cronologías de contexto adjuntas) se basa en hechos reales y constatables pero inevitablemente interpretados desde la visión del autor que no es ni pretende ser neutra, pero sí razonable.

 

De grieta histórica a brecha profunda.

 

Puede afirmarse que el independentismo en Cataluña se dispara con la sentencia del Tribunal Constitucional (TC) de julio de 2010 recortando de forma sustancial el Estatuto de Autonomía de Cataluña después de haber sido refrendado por la ciudadanía. De facto con esa sentencia el TC quebró el pacto constitucional.  Ello es ya aceptado por la gran mayoría de observadores, sean de un lado o sean del otro.

 

Es interesante notar que 2010 es también el año en que ETA abandona definitivamente las armas.  Aunque no hay forma de constatarlo, el independentismo armado y violento en el País Vasco fue siempre una barrera de contención al independentismo catalán.  También lo fueron por largo tiempo las políticas negociadoras (incluido el compadreo corrupto) con el Estado español de los gobiernos autonomistas de Jordi Pujol.

 

Desde una perspectiva histórica, el modelo del denominado catalanismo político iniciado a principios del siglo XX consistente en “modernizar” el Estado se agotó en 2010. No es en absoluto desacertado afirmar que la transición democrática de 1978 blanqueó el Estado con una notoria descentralización pero que al mismo tiempo dejó intactas las raíces profundas del franquismo con su inherente marco mental de nacionalismo supremacista.  Es así que vemos destacados patriarcas del PSOE haciendo declaraciones que merecen el aplauso enardecido de la extrema derecha.  Se puede afirmar sin desvarío que 40 años más tarde el núcleo duro del Estado está firmemente controlado por una élite extractiva empapada de nacionalismo español supremacista.  Una verdadera estatocracia con alto grado de endogamia madrileña, formada por altos funcionarios (especialmente abogados del estado, jueces y magistrados, pero también los cuerpos de fiscalistas, ingenieros civiles, etc.), en plena connivencia con grandes empresas ligadas al Boletín Oficial del Estado, verdadero capitalismo financiero de camarilla (cronny capitalism) y la denominada “caverna mediática” formada por los medios de comunicación que revoloteando alrededor del poder elaboran y difunden su discurso descaradamente uniformista y supremacista.  Según el ministro de educación español, “hay que españolizar a los niños catalanes”.

 

Este modelo de Estado sometido a semejantes élites extractivas es incapaz de formular políticas pro-activas orientadas a favorecer la economía productiva de cualquier región de España. El persistente maltrato legislativo y regulador a la mediana empresa, así como el ideológico modelo de inversiones en infraestructura (por ejemplo, AVE improductivo versus Corredor Mediterráneo para mercancías) castiga de forma especial la economía productiva localizada en la periferia: País Vasco, Cataluña y Valencia.

 

Si tal disfuncionalidad económica junto a una sistemática anulación de leyes sectoriales del Parlament por el TC, la ponemos al lado del histórico agravio a la identidad cultural que siente una más que notoria parte de la ciudadanía de Cataluña (80% a favor del derecho a decidir, es decir, a querer referéndum de autodeterminación) podemos entender que lo que históricamente fuera una persistente grieta estructural, en menos de una década se ha convertido en una brecha profunda.  Muy buena parte de la sociedad civil catalana está de facto desconectada del Estado español.

 

Una buena parte de esta sociedad civil, empresas incluidas, se siente claramente agraviada por el Estado español.  La expresión política del independentismo es de alta diversidad, va desde la democracia cristina conservadora hasta la izquierda anticapitalista.  La expresión civil del independentismo se expresa en una pléyade de centenares de entidades y asociaciones adheridas al manifiesto por el Pacto Nacional por el Referéndum (heredera del Pacto Nacional para el Derecho a Decidir) que obtuvo la adhesión de más de 4.000 entidades y 400.000 personas individuales.  Entre estas entidades destacan Ommium Cultural y la Assemblea Nacional Catalana (ANC), ambas sin subvención pública, con más de 50.000 asociados cotizantes cada una.

 

Dos metáforas.

 

Posiblemente el personaje más famoso de la historia de la civilización occidental sea Jesucristo.  Cristo se comunicaba mediante parábolas, alegorías o metáforas.  La mente humana carece de referencias absolutas, funciona siempre por comparación.  Es por ello que algunas metáforas nos ayudaran a entender la naturaleza de esa grieta que se convirtió en brecha profunda.

 

Divorcio o Amputación.

 

Para la inmensa mayoría de la ciudadanía catalana y sobre todo para el 80% que según los sondeos desea un referéndum sobre el derecho a decidir o la autodeterminación, la metáfora del conflicto es una pareja que se plantea el divorcio.  En la última década han crecido muchos los argumentos a favor de la separación.  Aunque separarse es desagradable y costoso, muchos creen que la situación es insostenible y por lo tanto reclaman un debate público con la máxima serenidad sobre los pros y los contras mantenerse en el Reino de España y que finalmente se resuelva en una consulta pública en forma de referéndum.

Por el otro lado, el marco mental dominante en el resto de España ve el problema como una amputación.  Equivale a cortarle un miembro (no se sabe cuál) a la sagrada unidad de España.  Lo ven como un absurdo que no cabe ni tan solo plantearse.  El mismo Felipe González afirmo con aplomo “la independencia de Cataluña es algo imposible”.  El argumento no va más allá de que, según ellos, la Constitución no lo permite.  Extremo que jurídicamente es debatible pero que se usa para negar cualquier tipo de negociación política.  Se trata de cumplir la ley y nada más.  Si se quiere cambiar la ley, en este caso la constitución, se necesita una amplia mayoría en las cámaras españolas (Congreso y Senado) que nunca podrá alcanzar la minoría territorial que es Cataluña dentro de España (16% de la población).

 

Hay que decir que la metáfora de la amputación está perdiendo peso en las Españas pero aún es muy mayoritaria.  En términos de soporte político sólo Podemos y sus grupos satélites la comparten.  Y también hay que decir que, según los sondeos, el hecho de aceptar la posibilidad del divorcio les castiga electoralmente.  Es decir, que la metáfora hegemónica continua siendo la de la amputación.

 

Estas dos metáforas y sus correspondientes marcos mentales son fruto del entorno cultural dominante en cada lugar.  Entorno cultural que deriva de la memoria histórica, de las identidades forjadas en el tiempo y también de los impactos que tienen los medios de comunicación.  En este último aspecto, cabe señalar que la ciudadanía catalana tiene a su alcance periódicos, radios y televisiones de ambas versiones y además en unos volúmenes de consumo informativo (ventas, visitas a digitales, audiencias, etc.) cercanos al 50% cada una.  Mientras que en el resto de España hay una única versión dominante, casi exclusiva.  Un ejemplo de ello puede ser el análisis de las posiciones de tertulianos en ambas áreas territoriales.  Casi cero, por no decir cero, posiciones a favor del referéndum en las Españas de más allá del Ebro, mientras que en Cataluña, tanto en medios públicos como privados, siempre hay con mayor o menor intensidad las dos opciones representadas.   Estos datos son incontestables.

 

Finalmente notar que, a pesar de existir una amplia literatura de debate sobre las ventajas de la independencia elaboradas por el bando que desea divorciarse, existen escasos, por no decir nulos, argumentos a favor de mantenerse dentro del Reino.  La metáfora de la amputación hace que carezca de sentido argumentar la necesidad de mantenerse formando parte del cuerpo, pues resulta obvio que fuera de él no hay vida.  Fuera de él es un absurdo impensable que ni tan solo precisa argumentación racional. Siguiendo con la metáfora, el marido no necesita seducir a la mujer que se siente ultrajada.

 

Guerreros vs. Comerciantes.

 

La cosa viene de lejos. Ya en su España invertebrada de 1921 Ortega y Gasset lo tenía claro: «La ética industrial, es decir, el conjunto de sentimientos, normas, estimaciones y principios que rigen, inspiran, y nutren la actividad industrial, es moral y vitalmente inferior a la ética del guerrero».  Más allá de que nos muestre el sesgo supremacista del nacionalismo español, esta sentencia es muy útil para entender el conflicto Cataluña – España. Traducida a términos actuales podríamos hablar de dos modelos culturales, los inspirados en juegos de suma cero versus los comportamientos basados ​​en los juegos de suma no cero.

 

El guerrero está instalado en un mundo de suma cero. Si tú ganas, yo pierdo. Esta es una forma de entender el mundo muy diferente de la del comerciante donde lo deseable es que ambos lados ganen. Sin duda el comerciante o el industrial quiere ganar, pero tiene un interés evidente en que el otro no pierda. Es el win-win en inglés. Yo no quiero perder, pero es evidente que si el otro no gana no me comprará nunca nada más.  El guerrero, en cambio, sólo se siente realizado cuando ha sometido al otro y se apropia del botín. Aplasta, y si conviene mata, pues en el fondo la cultura del guerrero es cultura de muerte. La satisfacción del guerrero es humillar al otro. La satisfacción del comerciante es que el otro salga contento y “mañana regrese”.

 

Desengañémonos, el aparato de Estado español está capturado por una estatocracia impregnada de cultura guerrera. Cultura guerrera que viene de siglos y que se siente cómoda viviendo del botín, del dinero ajeno.  Los eslóganes oficiales de los unionistas dicen “Cataluña es parte de España” o “Cataluña es España” pero la sinceridad del manifestante enardecido en las redes sociales lo adapta a “Cataluña es de España”.  El marco mental del guerrero es posesivo y esto es lo que transmite a la ciudadanía la estatocracia instalada en Madrid.

 

Por el lado soberanista catalán hay algo que es evidente, Europa está instalada en la cultura del comerciante y el no aceptar el veredicto de las urnas será la vergüenza del guerrero. Será su pérdida de legitimidad internacional. En la Europa de la era digital las batallas no son a vida o muerte, no son un juego de suma cero; las batallas se ganan con inteligencia, flexibilidad, tenacidad y elegancia.

 

Comentario final.

 

En resumen, desde el punto de vista del independentismo catalán el problema de España no es un mero problema de gobierno, el verdadero problema de España es de Estado.  Es por ello que ha abandonado el viejo objetivo del catalanismo político del siglo XX de colaborar y empujar la “modernización de España”.

 

Desde esta posición, la independencia de Cataluña es lo mejor que le puede pasar a España. Sólo una sacudida fuerte de tal magnitud permitirá desatascar el candado de 1978 y modernizar de verdad las instituciones del país.  Su discurso dice, divorciados no sólo seremos buenos vecinos y amigos, sino que nos ayudaremos y colaboraremos. Todos ganaremos, los únicos que saldrán perdiendo serán los oligarcas castizos (que viene de casta) que tienen el aparato del Estado español secuestrado.

 

NOTA: Este artículo no es de coyuntura.  Se cierra en fecha del sábado 7 de octubre de 2017 a una semana escasa de los hechos del 1º y del 3 de octubre (ver cronología electoral) a las puertas de una semana que puede deparar noticias de notorio impacto.  El autor no es profeta por lo que no sabe lo que pasará, pero sí tiene una convicción, el problema no se solucionará en una semana, ni en un mes, ni en un año.  El problema es estructural y necesita soluciones estructurales.

 

Josep Centelles i Portella (http://www.portella.cat/) fue discípulo de Joan Prats Català y es autor de «ENTENDER CATALUÑA; Por qué tantos catalanes quieren un Estado propio» editado por OCTAEDRO (Barcelona 2014) que puede comprarse en versión digital aquí

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