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Soy pesimista

Manuel Calbet
Economista

La humanidad progresa con dinámicas constructivas y destructivas simultáneas

 

La idea de progreso ha sido desconocida durante la mayor parte de la historia y por la mayoría de las personas. El progreso material podía tardar generaciones en producirse, y solo en los dos últimos siglos lo han podido percibir las personas a lo largo de su vida. El progreso intelectual ha tenido manifestaciones espectaculares desde hace milenios, todavía podemos sorprendernos de la profundidad de pensamiento de los clásicos griegos. Al mismo tiempo se han mantenido creencias y mitos que no resisten un análisis crítico y que condicionan el comportamiento de las personas. El progreso político ha sido evidente, y la democracia ha triunfado al menos como palabra, en el sentido de que hasta las dictaduras pretenden disfrazarse de democracias. Si hace un tiempo el Príncipe tenía que basarse en la fuerza para mantener el poder, ahora puede verse obligado a depender de los votos. Pero eso no representa un problema para gobiernos oligárquicos, ya que en la actualidad disponen de potentes medios para crear opinión, y a que existe una creencia generalizada en que la democracia empieza y acaba con el voto. Porque la democracia tiene como base el voto, pero es un edificio de muchas plantas.

La selección natural actúa como mecanismo de progreso en los seres vivos. La humanidad tiene su propio mecanismo, que es su inteligencia. Siempre se han destacado las dinámicas positivas del progreso: bienestar material, desarrollo científico e intelectual, evolución social. Pero, en paralelo, hay dinámicas negativas que se van desarrollando con intensidad: la capacidad de autodestrucción, el cambio ambiental, la fragmentación social. A la vez que se mejoran las condiciones de vida, las perspectivas intelectuales y artísticas, se envenenan las relaciones entre grupos humanos y se transforma la naturaleza hasta hacerla hostil a la humanidad.

Las personas nos necesitamos mutuamente, en lo emocional y en lo material, porque somos seres sociales y sin la colaboración del grupo poco podríamos hacer. Pero la manera en que se comparten los bienes, naturales o producidos, fracciona la sociedad. Añadido a los intereses materiales, las ideas religiosas y de superioridad étnica o social contribuyen activamente a la creación de grupos beligerantes que podrían compartir el eslogan: “Nosotros solos, nosotros primero”.

La guerra nuclear es una amenaza extendida en el tiempo, pero que tendrá una duración breve si se llega a producir. A los pocos minutos de desencadenarse será difícil la supervivencia de algún mamífero en nuestro planeta. El cambio climático actúa de forma mucho más lenta, pero ya hemos apretado el botón y no hay manera de revertirlo. Lo único que podemos hacer es intentar que sea más lento y adaptarnos en la medida de lo posible.

Así que el progreso, con sus dinámicas positivas y negativas, seguirá actuando, y el resultado previsible es la autodestrucción de la especie humana, habiendo alcanzado una parte de ella unos niveles notabilísimos de bienestar material, de conocimientos científico-técnicos, y de desarrollo intelectual y artístico.

Quizás responda todo ello a una especie de ley física, por la que un sistema en continua realimentación positiva acaba destruyéndose. Y la destrucción tarda menos tiempo en llegar cuanto mayor es la velocidad del proceso.

En las generaciones que puedan faltar para este final es muy posible que se encuentre vida fuera de la Tierra, dada la inimaginable cantidad de planetas que puede haber en el Universo. Más difícil será encontrar vida inteligente, si es que la inteligencia reduce la vida de la especie a cuatro millones de años.

 

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