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Brexit en marcha

Stanislaw Czaplicki
Comunicador social

En términos políticos Brexit es un retroceso en la construcción europea cuya vocación expresa es de recibir más miembros y no de perderlos. La idea de Europa, vieja ya de 60 años, necesita ser replanteada de nuevo.

Nueve meses después del referéndum sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea la primera ministra británica Theresa May ha enviado una carta al presidente del Consejo Europeo Donald Tusk para oficializar el Brexit. Tusk ha expresado el pesar europeo con la decisión diciendo: “Ustedes ya nos hacen falta…” Y anunció el inicio del proceso de negociación previsto para los próximos dos años. El equipo negociador europeo encabezado por el francés Michel Barnier ya está listo para empezar. Hasta este momento la marcha atrás era posible, pues en Reino Unido el resultado del referéndum tiene solo valor político y no legal. Es por la decisión del Parlamento tomada a la iniciativa del gobierno que la salida se vuelve oficial en términos del Tratado de Lisboa.

En términos políticos Brexit es un retroceso en la construcción europea cuya vocación expresa es de recibir más miembros y no de perderlos. La idea de Europa, vieja ya de 60 años, necesita ser replanteada de nuevo. Las opciones del desarrollo futuro de la organización: soberanías de las naciones vs. Europa supranacional (‘unión cada vez más estrecha’) corresponden al resurgimiento actual de los nacionalismos vs. ‘nacionalismo europeo’, que queda por ser creado.  Se habla de Europa de velocidades variables, quiere decir de grupos de miembros que tendrían un estatus diferente de acuerdo al grado de compromiso asumido, como por ejemplo los 18 países de la zona euro, moneda común. Pero diferenciar significa también crear miembros de segunda categoría, sin perspectiva de integrar el grupo de primera clase. Obviamente hay diferencias entre los países miembros que fueron recibidos en UE como resultado de una negociación individual. El mismo Reino Unido se benefició desde su ingreso a la UE con una serie de privilegios.

Históricamente Gran Bretaña siempre apoyó al país menos fuerte en el continente en contra del más fuerte. Basta mencionar la derrota del francés Napoleón en manos del británico Wellington en la batalla de Waterloo y el decisivo actuar de los ejércitos británicos en la Segunda Guerra Mundial para derrotar a Alemania. El escepticismo británico hacia la construcción europea se expresó desde un inicio con reciprocidad. La Gran Bretaña no quiso ser parte de la comunidad de Carbón y de Acero y cuando en 1961 solicitó ser miembro de la UE se encontró con el veto de Francia. Reino Unido se volvió miembro de la UE recién en 1973 con apoyo del 57% de los votos a favor de Europa en un referéndum en 1975.

Algunos principios para la negociación ya son conocidos. Según la UE la negociación deberá proceder por fases. Sobre todo no se debe hablar de un tratado de libre comercio con Gran Bretaña antes de acordar los términos del divorcio, contrariamente a lo que desea el gobierno británico. Se buscará establecer garantías contra el ‘dumping’ fiscal, social y de medio ambiente. Los europeos temen que la Gran Bretaña a manera de compensar el fin de acceso al mercado único común, se vuelva un gran paraíso fiscal.

Otro principio de la negociación es preservar el mercado común europeo, un espacio de libre comercio de 500 millones de consumidores y sus cuatro libertades de circulación (mercancías, servicios, capitales y personas). Esto incluye también la necesidad de proteger los derechos sociales de unos tres millones de europeos que viven en Reino Unido y de un millón de británicos que viven en Europa continental.  En la nueva situación Londres no podrá acceder al mercado común si retoma el control de migración y se sustrae de la autoridad de la Corte de Justicia de la UE. Londres deberá cumplir igualmente con todas sus obligaciones financieras hacia el presupuesto de la UE estimadas por Bruselas a unos 60 mil millones de euros.

El Brexit está en marcha pero la negociación recién va a empezar. La relación entre Reino Unido y Europa nunca fue una historia de amor, era más un matrimonio por conveniencia. Se espera que el divorcio se haga también en términos razonables. Es mejor un buen divorcio o un mal matrimonio, dicen algunos.

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Este artículo ha sido publicado en el diario digital Los Tiempos y se reproduce aquí con autorización del autor.

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